martes, 15 de junio de 2010

ARLEQUÍN CON MANDOLINA.


Era un arlequín extraño, de los más extraños,
ninguno adivinar podía el misterio de sus años.
Bajo su antifaz blanco, en su rostro sin color,
reinaba la huella del dolor.
Sólo brillaba en su cabeza un gorro,
de color rojo triunfal
como sobre las nieves del polo,
la aurora boreal.
Siempre con una mandolina se sostenía
y sólo la luna llena, detrás, le sonreía.

viernes, 4 de junio de 2010

IO SONO L’AMORE, primorosa tragedia operística de la alta burguesía italiana



La casa de los Recchi es un edificio coherente con la alta burguesía industrial que la habita entre amplios salones. Es Navidad y Emma y Tancredi, sus hijos: Edoardo, Gianluca y Elisabetta, los parientes, amigos, abuelos, celebran, entre las referencias a las generaciones anteriores y a las futuras, entre las estancias y los corredores, los jardines nevados, las grandes cocinas de Villa Recchi, el traspaso de funciones en el liderazgo de la empresa y la búsqueda de la consolidación de los papeles dentro del esquema de la clase a la que pertenecen.
Tanto Emma (la dueña de la casa, de origen ruso y que con los años se ha mimetizado con la familia de su marido) como Antonio (amigo de su hijo Edoardo, un joven cocinero poco amigo del compromiso y que concentra sus emociones en los platos que no le acepta su padre para el restaurante de la familia) son dos criaturas inorgánicas para los universos en los que gravitan. La pasión que los lleva a colisionar destroza todos los vínculos y los pone en contacto directo con la naturaleza, de la que Antonio extrae la vida para sus creaciones, y de la cual Emma se había alejado para construir su identidad. El precio que tendrá que pagar es muy alto, y sólo habrá una posibilidad de redención: el amor pasional y transgresor. La protagonista Emma (Tilda Swinton) siente el aburrimiento de su vida y decide respirar la naturaleza y compartir sus sensaciones con el cocinero con quien compartirá sensualidad y sexo. Cada secuencia está planteada con un mimo casi pictórico. Esa cuidadísima armonía visual responde, quizá, a una sobredosis del drama, en el sentido de que Guadagnino trabaja en umbrales de intensidad barrocos y viscontianos.

Guadagnino crea una atmósfera turbia y de irresistibles emociones al límite en sus secuencias finales, aunque sin caer en el melodramatismo aunque sí en la tragedia final que se refuerza grandiosamente con la espléndida e insistente banda sonora de expresiva percusión de John Adams.

Haciendo un guiño a sus paisanos Visconti y Antonioni, Guadagnino disecciona con estimable sensibilidad la desintegración del imperio doméstico víctima de las embestidas incontrolables de la pasión, el amor desatado, el deseo y el sentimiento. La cinta, liderada por una espléndida y esforzadísima Tilda Swinton, se tiñe de vehemencia y de tono operístico, pero no deja de ser un muy notable estudio de personajes, una película cuidadísima en forma y fondo que desnuda el rostro más desolador del capitalismo burgués pero infeliz corruptor de almas y capaz de destrozar la felicidad de los humanos que lo padecen.

martes, 1 de junio de 2010

Calendario 2010: "EL AMIGO DEL DESIERTO". JUNIO. Texto: Pablo d'Ors.

JUNIO













La memoria flaquea en el desierto:
puede suceder que uno no sepa dónde está
ni quienes son los que le acompañan…

jueves, 20 de mayo de 2010

NOSTALGIA DESDE CADAQUÉS (poema) del poemario inédito "ECLIPSE TOTAL"




NOSTALGIA DESDE CADAQUÉS
Vigila, deseo, vigila,
no pierdas nunca tu rumbo,
y no permanezcas nunca en las aguas tranquilas
de ningún puerto de mar.
Huye de la tierra mediterránea establecida,
huye de los horizontes conocidos y estrechos;
y escapa siempre al mar, al gran mar noble,
siempre, siempre hacia el mar adentro...
Nostalgia desde Cadaqués.
Dibujo de Carlos d'Ors.

jueves, 13 de mayo de 2010

Calendario 2010: "EL AMIGO DEL DESIERTO". Mayo. Texto: Pablo d'Ors.

MAYO




El desierto es el lugar por excelencia de la
murmuración…

lunes, 10 de mayo de 2010

TWO LOVERS: la resurrección del melodrama romántico


TWO LOVERS,
la resurrección
del melodrama romántico.
James Gray resucita
con este sombrío
y
bello film
el melodrama romántico con final feliz.
Leonard (Joaquin Phoenix), un joven con problemas emocionales y de personalidad bipolar, vuelve al hogar de su infancia en Brighton Beach, Brooklyn, para reponerse tras su última recaída. Mientras trata de recuperarse bajo la atenta mirada de sus preocupados padres, dos mujeres entrarán en su vida: Michelle (Gwyneth Paltrow), una bella y sensual vecina con un halo de misterio que parece no encajar en el aburrido barrio donde vive Leonard y la encantadora y sencilla Sandra (Vinessa Shaw), hija del nuevo socio de su padre. El amor de Leonard se debatirá entre la complicada y emotiva Michelle (drogadicta y enamorada de otro hombre casado) y Sandra, la chica perfecta a ojos de su familia y del espectador.
Leonard ha vuelto a casa de sus padres para recuperarse de un terrible desengaño sentimental que a punto estuvo de costarle la vida. Ahora intenta pasar página y evitar posibles recaídas refugiándose en el día a día y en un trabajo gris como empleado en la lavandería familiar. Pero la rutina y los recuerdos dolorosos todavía demasiado frescos hacen que Leonard siga estancado... pero Michelle y Sandra se cruzan en su camino. Cada una con una personalidad opuesta; cada una proveniente de entornos que en nada se parecen; cada una encarnando una visión distinta del amor. James Gray es un cineasta que lo que hace en sus trabajos es poner en situaciones extremas a sus personajes para ver cuán fuertes -o frágiles- pueden llegar a ser los vínculos de sangre o simplemente afectivos.El hecho de que justo al principio de la cinta Leonard intente suicidarse al principio y al final de la película porque tiene el corazón roto puede sonar a convencional ridiculez, pero no tarda demasiado Gray en dar consistencia a este posicionamiento tan pesimista. Lo que encontramos aquí es la faceta menos amable de las relaciones de pareja dentro del entorno a ratos protector y a ratos castrador de unas familias que refuerzan la concepción patriarcal de la sociedad en que los personajes de la película se mueven. El triángulo amoroso extraordinario (nunca Gwyneth Paltrow había estado mejor, más devastadora ni más humana), un soberbio Joaquin Phoenix (una especie de nuevo Montgomery Clift), que nos hace compadecernos de él y, al mismo tiempo, rechazar su equívoca obsesión y una tierna y encantadora Vinessa Shaw (mujer como la que todos aspiraríamos que fuese la nuestra) y la inconmensurable Isabella Rosellini en el papel de madre de Joaquín Phoenix, (una madre que vigila y controla pero que al final comprende, calla y lo único que quiere es la felicidad de su hijo), sino también por un guión y una dirección muy firmes y elegantes. James Gray saca el máximo jugo a sus actores, imprimiendo realismo en los diálogos y sabiendo llevar muy bien el ritmo lento de una trama que a pesar de sus clichés nos parece nueva y fascinadora. Encomiable es también su capacidad a la hora de crear atmósferas hipnóticas, que aparte de hacer más atractivo al producto, sitúan al espectador en un mundo desconcertante, cálido pero sombrío; bello pero impregnado de fatalismo. Todos en algún momento hemos sentido algo parecido a este dilema amoroso, y James Gray nos tiende una mano con esta elegante, deliciosa y cuidada película. "Two Lovers" es un drama romántico oscuro, contado de la mano de actores de gran categoría y que, pese a su simplicidad y cierta falta de profundización psicológica en las personalidades femeninas, está contado con maestría, elegancia y que por su final feliz nos deja con un buen y tranquilo sabor de boca después de la amarga y atormentada relación entre Leonard (Phoenix) y Michelle (Paltrow). Existe algo nuevo e intenso en la manera en que Gray utiliza aquí los convencionalismos del amor romántico, tal vez porque las convenciones del melodrama romántico desde Douglas Sirk estaban casi completamente aletargadas y Gray las resucita con esta película.

lunes, 12 de abril de 2010



EL CONCIERTO, divertido sainete melómano berlanguiano


Andrei Filipov trabaja como limpiador en el Bolshoi, pero hace treinta años era el director de orquesta del gran teatro ruso. Su negativa a desprenderse de sus músicos judíos le llevó al ostracismo durante la época de Brezhnev y ahora vive de los recuerdos. Un día, limpiando el despacho del jefe, lee una invitación por fax para que la orquesta del Bolshoi dé un concierto en París. Decidido a tomarse la revancha, Andrei reúne a sus viejos compañeros para intentar suplantar a los actuales músicos. Inspirada en el caso real de un ciudadano ruso, El concierto sigue la odisea de los antiguos músicos de la orquesta del Bolshoi en su intento por suplantar a los componentes actuales para una actuación en el Teatro de Châtelet de París. La comedia y la música se dan la mano inevitablemente con la represión en la antigua Unión Soviética, el olvido de los artistas y el diálogo intercultural entre las distintas nacionalidades. El concierto final se convierte en una metáfora de las relaciones entre el individuo y la colectividad.
En tono agridulce Radu Mihaileanu explora en la herida de los artistas rusos acallados y represaliados por el régimen soviético, condenados al ostracismo y desterrados, por no adictos, bajo el felpudo apolillado del sistema. Lo hace en tono amable y sainetesco planteándonos la obsesión de un director de orquesta ruso por vengar una vieja afrenta encima del escenario y rehabilitarse a lo grande saboreando la revancha de quienes le privaron antaño de la música. Mihaileanu quiere una película profunda sobre redenciones artísticas de gran calado pero a la vez quiere una comedia histriónica y de enredo para ganarse al gran público. En El concierto prima el sainete sobre el cine sentimental y sobre la alta comedia, el sentimentalismo sobre el sentimiento y sobre lo romántico. Mihaelanu dibuja su comedia a costa de estereotipos, recreándose en la pintoresca informalidad de una tropa rusa presuntamente entrañable que se alimenta de tópicos a pesar de los esfuerzos interpretativos de Melanie Laurent y Aleksei Guskov por desarrollar una interpretación intensa de sentimientos humanos y musicales.

En esta coproducción europea se demuestra el auge de los cineastas rumanos y la capacidad, cuando así se quiere, que tiene el cine de nuestro continente para hacer cine comercial.
Mezcla de comedia y drama, con mayor peso de lo primero, El concierto es, ante todo, un film bien hecho y bien interpretado. El argumento tiene mucho de enredo y costumbrismo, a los que hay que añadir ese humor cercano al surrealismo del que hace alarde frecuentemente el cine del este de Europa.
Plagada de momentos prácticamente berlanguianos, la risa y la sonrisa están presentes durante todo el metraje del film, salvo en algunos momentos en los que la lágrima no tiene más remedio que brotar. El concierto está diseñada para gustar. Y a pesar de sus defectos, disfrutamos de una película en que reímos o lloramos. Y la música de Tchaikovski ejerce un importante lugar entre los elementos utilizados en la película, potenciando el clímax argumental y emocional de esta cinta, que gustará especialmente a los melómanos.